Un paso más en la búsqueda de la máxima belleza. Un simple disco de plástico translucido, es decir con sus superficies lijadas hasta quedar suavemente mates, puesto a girar con un pequeño motor de corriente continua. Ajustando las frecuencias sonoras y la velocidad de giro del motor se consiguen imágenes tridimensionales, algo parecido a un holograma.